Recientemente visité el Consulado de Venezuela en Barranquilla, para actualizar mi dirección en el Registro Electoral Permanente (REP) y ubicar mi residencia, como corresponde en el exterior, no si antes –por supuesto– llamar a consultar los requisitos que nuestra representación diplomática solicitaba para dicho trámite.
En la llamada previa me fue informado que no se necesitaba sino el pasaporte vigente y la cédula de identidad. Ante mi insistencia (porque no hay nada que me disguste más que hacer una diligencia y no tener los papeles completos que exigen) me informaron que la cédula debe ser laminada, aunque esté vencida, y el pasaporte sí debe estar en regla para hacer el cambio, cosa que me pareció extraña porque la ley solo exige la CI, pero no argumenté.
Volví a insistir sobre otros requisitos y por respuesta obtuve “nada más”, y que por favor regara la voz, ya que durante varios meses el sistema de inscripción y actualización del CNE (Consejo Nacional Electoral) estuvo bloqueado y por fin este año se había solucionado el problema.
Por supuesto, y como diría mi cuñada, “esto no es Suecia” y somos muy pero muy latinos, al llegar al consulado con uno de mis hijos, el otro requisito faltante era el censo consular, jajaja… Claro, no es nada de mayores dimensiones, pero hay que llevar fotos y copias de documentos (jajaja, sigo riendo).
Por supuesto que –y es parte de la condición humana– reclamé por no haber recibido la información completa (aún no entiendo qué tanto cuesta explicar todo), a lo que enseguida la funcionaria responsable cambió su expresión a una de disgusto, propio de la condición humana también.
Como corolario a tan pintoresca diligencia, se suma la discusión sobre la división político-territorial de la Zona Metropolitana de Caracas, porque se me insistía en que como mi última residencia fue en Municipio Baruta, yo no vivía en Caracas y que el sistema no lo registraría como yo lo indiqué (déjenme acotar que aunque la discusión siempre fue en los términos adecuados y correctos, tal como los buenos modales lo exigen), yo explicaba y repetía que estos municipios mirandinos sí pertenecían al área metropolitana, y por tal ubicados en la ciudad capital, donde yo había vivido por muchos años.
Agradezco la paciencia de estos funcionarios, ya que nunca me doblegué ante sus cuestionamientos, cosa muy propia en mí –a pesar de que mis hijos me insistían en que los dejara ingresar los datos como ellos quisieran, aunque me ubicaran en cualquier parroquia del Distrito Federal– mi terquedad natural nunca me lo permitiría, y seguía insistiendo.
Por supuesto, finalmente, el sistema registró: Municipio Baruta, Ciudad Caracas.
Luego de subsanados estos escollos, se hicieron los trámites de mi hijo y el mío, pasaron las caras de incomodidad y quedamos a la espera de que el cambio se realice, lamentablemente no para las primarias, para esto debemos viajar a Venezuela, pero con la fe puesta en que para las próximas elecciones de octubre de este año podamos ejercer nuestro derecho aquí donde vivimos, así como cada venezolano residente en el exterior lo hará y emitirá su opinión a través del voto, en la búsqueda de un país de progreso, de libertades y para muchos la esperanza de un regreso al terruño.
Pilin León @pilinleon



Caracteres Disponibles