Según el sociólogo italiano Diego Gambetta , en las sociedades con bajos niveles de confianza y una democracia débil, las mafias venden protección a los ciudadanos, que se la pasan temerosos de todo cuanto ocurre a su alrededor y de las intenciones de todos los extraños con los que se cruzan en la calle.
Los mafiosos buscan inyectar dosis de desconfianza en la sociedad, de tal forma que su negocio de protección sea más demandado. El poder del mafioso viene de la desconfianza generalizada de los miembros de la sociedad, que piensan que el mundo anda presto a estafarlos, robarlos o atacarlos. Los 'combos' en Medellín bien podrían estar funcionando por razones como esta.
Gambetta identifica varios elementos como el caldo de cultivo para la desconfianza: la predominancia del interés privado sobre el público, la falsedad y el engaño, el favoritismo sobre el mérito y la justificación social del crimen como medio para conseguir los fines personales.
La desconfianza que fortalece a la mafia se representa entonces en dos escenarios. El primero es la desconfianza de las personas frente a su sistema legal y de justicia y su sistema político y democrático. Según la Encuesta de Cultura Ciudadana de Medellín 2011 solo el 13% de las personas confían en los políticos, mientras el 35% en la Policía, el 31% en la Alcaldía y el 27% en el Gobierno Nacional.
Gambetta asegura que la desconfianza que nace del escepticismo frente al papel de los entes públicos se transforma rápidamente en una fuente de desconfianza generalizada frente al resto de las personas. En Medellín, solo el 8% de las personas estarían dispuestas a realizar acuerdos con desconocidos y menos de la mitad de los ciudadanos consideran que en general se puede confiar en la gente.
La única salida para romper este siniestro círculo vicioso es la de mejorar los niveles de confianza general de las personas, esto es, aumentar nuestro Capital Social. Mejorar los espacios de participación ciudadana, rescatar valores sociales positivos a través de las instituciones educativas, mayor eficacia en la provisión de justicia y seguridad por parte del Estado y fomentar los aspectos reguladores de la cultura ciudadana, son todos elementos que ayudan a mejorar los niveles de confianza en una sociedad.
Pero al final, solo la disposición personal y desinteresada que podamos tomar como individuos de confiar en nuestros conciudadanos, sean familiares, vecinos o extraños, podrá superar nuestra dependencia de las mafias como violentos protectores sociales.




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