1. Una toma amarga. La toma del Palacio de Justicia, en 1985, ha tenido, durante casi 27 años, todo tipo de impactos de orden físico, militar, emocional, político y judicial. “Toda acción genera una reacción”, dicen las ideologías, las leyes, las religiones y las psicologías. Llevamos casi tres décadas descifrando los efectos de la “acción” (subversiva) y las secuelas de la “reacción” (oficial).

2. Causa causa causa causarum. “La causa de la causa es causa de lo causado”. Está claro que la causa de la causa fue la incalificable audacia del M-19 y del narcotráfico. El EME se proponía juzgar las instituciones en cabeza del Presidente y el narco deseaba borrar expedientes y archivos judiciales. Allí también se localiza la causa de lo causado.

¿Qué fue lo causado? Muerte de buena parte de la cúpula judicial, herida inmensa a la democracia, terror infinito. Pero también se causó la reacción institucional denominada la retoma del Palacio de Justicia. Es claro que la Fuerza Pública, ante semejante despropósito (la acción), tenía que actuar (la reacción) y entre muchas posibilidades optó por la retoma del sagrado recinto. En un escenario de tanto terror terrorista hubo, por supuesto, víctimas que todos lamentamos. Y si hubo excesos deben sancionarse: es lo que ocurre cuando se utilizan ofendículos o cuando se sobrepasa la legítima defensa, aun del propio Estado. Pero cada caso, a nivel social y judicial, debe ser juzgado con imparcialidad, sin sesgos ideológicos, bajo la presunción de inocencia y de buena fe, conforme a leyes preexistentes, con sujeción a las disposiciones más permisivas y favorables, con respeto a las normas de cada proceso, entre ellas la legítima defensa y la prueba plena en materia penal.

3. Lo ideal y lo posible. Lo ideal sería el fin de la pesadilla. Hasta ahora sólo duermen en paz los ex guerrilleros (culpables de la acción) hoy entre las mieles del poder. Habría que alcanzar un equilibrio con los integrantes de la Fuerza Pública (responsables de la reacción). En todo caso debe quedar clara la lección de que nada semejante podrá repetirse en nuestra historia futura. Y, por supuesto, debe haber una satisfacción suficiente para los familiares de las víctimas. Ojalá todo esto aún fuere posible.

4. ¿Falló el fallo? La discusión del momento gira en torno al fallo del Honorable Tribunal de Bogotá por tres circunstancias: a) La confirmación de la condena eterna al coronel Plazas Vega, la cual ha sido cuestionada con numerosos argumentos que aquí no caben; b) La exigencia de perdón de la institución castrense que a muchos les ha parecido un esperpento; c) La pretensión, para muchos insólita, de que la Corte Penal Internacional encause al expresidente Belisario Betancur ya que éste ha estado sometido y dispuesto a toda clase de indagaciones.

Los fallos se acatan y, decidida una eventual casación ante la Corte, forman jurisprudencia. Pero como los fallos son falibles, pueden ser objeto de discusión académica y pública con lo cual se hace doctrina. En esto está el país jurídico, judicial, político y académico del momento anhelando que, al final, haya luz, haya paz y haya justicia.