Rubén Darío Barrientos El Mundo, julio 21 de 2011 Es verdad de a puño que Chávez no le cree a la medicina que estudian y ejercen los propios “venecos”. Mejor aún, les teme a los médicos venezolanos. Pareciera que tampoco le gustaran las clínicas privadas que habitualmente utilizan los altos funcionarios del estado venezolano. No hay confianza en los galenos de este vecino país. Algunos analistas dicen que el sistema de salud pública de Venezuela es un fiasco y que las no pocas clínicas cubanas que trasplantó Chávez en su país, carecen de relieve científico. La Organización Mundial de la Salud sitúa a Venezuela en el puesto 54 del mundo en el sistema de salud. Cuba es el 39. Chávez le paga en dólares al estado cubano por los médicos que sitúa en Venezuela (“Misión Barrio Adentro”), pero a los criollos les lanza simples bolívares. El presidente se enfrentó al establecimiento médico, luego de “importar” muchos galenos de Cuba. El mismo día de la noticia del diagnóstico -revelada por Chávez-, un elevado porcentaje de médicos se fueron a la huelga, para protestar por los pésimos salarios y por las horrendas condiciones en que trabajan. El aumento salarial médico, a guisa de estrategia, fue del 30% para conjurar la crisis. Chávez iba para Brasil (Sao Paulo), precisamente a internarse en el reputado Hospital Sirio Libanés, a continuar su tratamiento médico, en pos de enervar el cáncer que padece. Había sido invitado por Dilma Rousseff, presidenta brasileña. Pero alguien de sus allegados le hizo caer en la cuenta de que a pesar de que la oncología de ese país es de las más superlativas de iberoamérica, allí no se garantiza el top secret que a él lo desvela. Cuando atendieron al mandatario paraguayo Fernando Lugo se entregaban rutinarios partes médicos del equipo de galenos que lo atendía, acerca de la evolución del paciente. Y eso para Chávez no es grato ni lo permite. Optó, entonces, por retornar a La Habana (Cuba), para ponerse a órdenes del mismo grupo de médicos que trataron y atienden a Fidel Castro. Las academias de médicos de Venezuela alertaron sobre una medicina cubana muy desactualizada y aprovecharon para lanzarle dardos a Chávez, a quien sindicaron de ignorar los esfuerzos de muchos galenos venezolanos que, incluso, han realizado posgrados en universidades del exterior, para sacudirse del marasmo local. Es inobjetable que Chávez, que ha desestimulado la medicina pública en Venezuela y ha deparado una polarización por la privada, cambió los aportes científicos por el anonimato y canjeó a un Brasil competente por una Cuba obsoleta y amordazada para hablar de su estado de salud. Por encima de combatir su riesgo vital, prefirió el misterio. El pasado domingo, en la sección “Alto Turmequé” de El Espectador, se consigna un confidencial, según el cual, “médicos de confianza de Chávez le recomendaron consultar oncólogos colombianos, teniendo en cuenta que son los más prestigiosos del continente y que el Instituto Nacional de Cancerología es líder en la materia”. No le basta la razón a Chávez: prefiere disfrutar el ocultismo, no creer en los suyos y alimentar la sinrazón.