Es cierto lo que informó El Tiempo hace unas semanas: la idea de que el ex presidente Álvaro Uribe pudiera presentarse como fórmula vicepresidencial en los comicios de 2014 tuvo su origen en el Centro de Pensamiento Primero Colombia (CPPC). No se trata de una posición oficial, digamos, porque pese a la identificación sólida en los principios básicos del Centro, en torno a distintas materias -como ésta- existe en su seno una sana diversidad de planteamientos. Así ha ocurrido también en otras como la segunda reelección de Uribe o en la más reciente discusión sobre la convocatoria de una Constituyente.

Mucha tinta ha corrido ya sobre la insinuación de la vicepresidencia de Uribe y numerosas imprecisiones se han difundido, de manera que no sobra hacer algunas aclaraciones al respecto. Lo primero que valdría la pena establecer es que la idea primigenia ha sido desvirtuada y desfigurada. De ningún modo se propuso como una estratagema para que Uribe pudiera acceder a la presidencia de nuevo haciéndole el quite a la prohibición constitucional. No solo porque hay que respetar la disposición inequívoca de la Carta, sino porque sería una ofensa al pueblo ofrecerle una alternativa tramposa, como también una falta de respeto pedirle a un eventual candidato presidencial del uribismo -o del centro democrático, como el ex presidente ha calificado acertadamente la corriente política que lidera- que fungiera como pelele.

Y, naturalmente, tampoco tendría aval del mismo Uribe la supuesta estrategia de recambio. De hecho, sin descalificar la propuesta en cuanto a su factibilidad legal, el ex presidente ha sido claro en que no tiene interés en cargo público alguno y que únicamente se propone seguir en la brega política para contribuir a la derrota del terrorismo y ayudar a encaminar la nación por la senda de la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. El mismo Uribe  rechazó airado las malévolas y calumniosas insinuaciones de un conocido programa radial sobre su supuesto interés en introducir en la reforma a la justicia un artículo para revivir la reelección. De allí también su distancia con la propuesta de una Constituyente, que pudiera ser tomada como un ardid para abrir camino a una segunda reelección. Ampliar la reelección es un asunto cerrado en el país seguramente por un largo período, a no dudarlo, y para bien. No es el ánimo del CPPC sugerir revivirlo ni buscar la manera de eludir la Constitución.

¿Cuál es entonces la idea de la sugerencia de la candidatura vicepresidencial de Uribe? Muy sencillo: darle vigor a la candidatura presidencial del centro democrático, encauzar la corriente uribista y unificarla, para brindarle mayores posibilidades de triunfo en el 2014. Es innegable el prestigio y la popularidad del ex presidente Uribe, pero es también sabido que -como se dice en el argot político- sus votos no son endosables. La presencia de su nombre en la fórmula aseguraría al máximo que los votos no se dispersaran. Y, de cierto modo, dada la dolorosa experiencia de la elección del presidente Santos, algunos han indicado que la presencia de Uribe como vicepresidente podría ser un factor que previniera volteretas y burlas al triunfo de esta corriente. En todo caso, en el hipotético evento de que dicha fórmula se abriera paso y resultara victoriosa en los comicios, lo deseable sería que las responsabilidades del vicepresidente, que son competencia del presidente, quedaran claramente definidas desde la campaña a fin de evitar equívocos. Algunos han llegado a insinuar que podría Uribe ocupar la embajada en Washington, u otra capital importante, de suerte que su presencia en el país no se convirtiera en un elemento de incomodidad para el primer mandatario.

En el ámbito jurídico hay quienes han expresado dudas o rechazo a la posibilidad de que el nombre de Uribe pueda ser presentado como fórmula a la vicepresidencia, en virtud, sobre todo, de que su único papel sería reemplazar al Presidente, y está prohibida la elección de una persona como presidente por más de una vez. Es una interpretación forzada del texto constitucional a mi modo de ver. Lo que se descarta textualmente es la reelección del Presidente por más de una vez; pero nada se prohibe si fuera a presentarse como vicepresidente. En todo caso es extravagante la propuesta del congresista Telésforo Pedraza, conocido como amigo estrecho del ex presidente Pastrana, de eliminar del texto constitucional la figura del vicepresidente para bloquear a Uribe. Síntoma, entre otras cosas, de que la alternativa tiene piso y es plenamente factible.

Pero aparte de las consideraciones jurídicas y políticas de la viabilidad de la fórmula, y de la misma aceptación que Uribe pudiera hacer de ella, lo evidente es que ha causado pánico en las filas del santismo y sus aliados, el gavirismo, el samperismo y el pastranismo. Curiosamente, el espectro político de tres ex presidentes que fueron una piedra en el zapato para el gobierno de Uribe y sus políticas, y que gozan del más bajo crédito en la opinión pública, y un presidente en ejercicio que fue elegido por la identificación con unos programas y doctrinas que dejó tiradas en el camino. La propuesta puede terminar siendo desechada, cosa normal en política. En todo caso, cualquiera sea su suerte, ha logrado al menos develar el pánico que produce en los círculos del poder, que ya sienten pasos de animal grande.

* Director del Blog Debate Nacional del Centro de Pensamiento Primero Colombia (CPPC).