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El pasado no perdona

El director del partido liberal –Rafael Pardo- ha asumido una obstinada posición negativa sobre el proceso de negociación con los grupos paramilitares y la Ley de Justicia y Paz. Desde sus inicios, él y otros jefes liberales, samperistas, gaviristas y demás, han dejado caer las más ácidas y desconsideradas opiniones. Llegaron a decir, como los del Polo, que esa era una negociación de “yo con yo”, queriendo significar que el presidente Uribe le estaba haciendo un favor a “sus amigos y aliados”. Compararon la zona de Santafé de Ralito con el despeje del Caguán a pesar de las evidentes y notorias diferencias. Se aprovecharon de los errores, vacíos y demás imperfecciones antes que de los logros. Pardo dijo recientemente que el paramilitarismo no se había acabado ni se había desmovilizado, que las Bacrim eran los mismos paramilitares de antes y que la Ley de Justicia y Paz debía ser revisada a fondo pues contiene una dosis de impunidad insoportable.

Lo primero que se me ocurre ante tal arremetida contra uno de los éxitos de la administración Uribe, es mirar hacia atrás para ver en qué espejos nos podemos comparar. Para no ir muy lejos, el arreglo de la violencia de los años cincuenta del siglo anterior concretado en el Frente Nacional, no supuso ningún castigo para los autores materiales y sobre todo intelectuales de más de 300 mil campesinos, las elites de los partidos tradicionales se lavaron las manos y le achacaron todos los males al general Rojas. Tampoco hubo verdad y la poca que se consignó en la obra de Guzman Campos, Umaña Luna y Fals Borda (La Violencia en Colombia), fue recogida y censurada durante el gobierno de un “gran liberal”, Lleras Camargo. Ni que decir de reparaciones materiales o sicoafectivas, asuntos demasiados exóticos para un pueblo que guardó silencio y se tragó todos esos sapos con tal de que cesara el derramamiento de sangre. Y fueron liberales y conservadores los que firmaron ese pacto.

Un poco más cerca, hacia fines de los años ochenta y principios de los noventa dos gobiernos liberales con ministros y funcionarios que hoy son durísimos con el gobierno Uribe, adelantaron negociaciones que todo mundo aceptó y aplaudió porque representaron el cese de la violencia de varios grupos irregulares y la paz para muchas regiones. En tales procesos, con el fin de obtener paz, los colombianos nos tragamos verdaderos exabruptos en materias jurídicas. Se obviaron los crímenes de lesa humanidad, como la Toma de la Embajada de República Dominicana, el asesinato del líder sindical José Raquel Mercado, cientos de secuestros, la toma del Palacio de Justicia, no hubo justicia, no hubo verdad, no hubo comisiones de reparación material ni sicoafectiva, abundaron amnistías e indultos. El M-19 se convirtió en poderosa fuerza política que se derrumbó por sus propios errores y de los elenos heredamos el más áspero crítico de la paz con los paramilitares y con la Ley de Justicia y Paz, un columnista que se ha paseado a placer por la gran prensa otrora vapuleada por él y sus correligionarios y que tiene el cinismo de vetar moralmente la negociación con los violentos grupos de autodefensa. Fueron los liberales, dirigidos por César Gaviria, Samper, Cristo, Pardo, Gómez Méndez, etc., los que regalaron el perdón, los que nos llevaron a aceptar la impunidad a cambio de la paz y a no reclamar confesiones de verdad. Todo se hizo al menor costo. Las víctimas en esos años no contaban ni tenían voz.

Digámoslo sin rodeos, es gente del liberalismo -mismos que dejaron hundir al glorioso “partido del pueblo”, el de López Pumarejo, hasta la miseria de ocupar el quinto lugar entre seis movimientos en la pasada campaña presidencial- la que ahora nos da lecciones de cómo plasmar justicia, verdad, moral, ética y reparación de víctimas en un proceso de negociación. El partido que desde su creación a mediados del siglo 19 ha dejado, junto con el conservatismo, una deuda inmensa en materia de justicia, libertades y realizaciones sociales. El partido que hizo la guerra y la paz y que las hizo ambas con crueldad y con horror, con imperfecciones e impunidad, sin verdad y sin reparaciones, esos son los que vienen a desestimar y enlodar un proceso que mal que bien deja resultados como los siguientes:

1. Desmovilización de miles de combatientes y entrega de armas. Nada que envidiar estadísticamente a los procesos anteriores. 2. Reocupación y retoma de control de amplias zonas por parte de las fuerzas legítimas del estado. 3. Inicio de un proceso de confesiones de verdades que si no ha sido más eficaz es por culpa del aparato de justicia y no de la Ley. 3. Se conocen sitios de numerosas fosas comunes, se empieza a saber la verdad sobre muchas masacres y asesinatos (cuando ellos gobernaron nada se supo). 4. Los políticos que se aliaron o se dejaron enredar por los grupos paramilitares están siendo juzgados gracias al vilipendiado proceso. En cambio, la Justicia no ha iniciado investigaciones serias sobre el amplio fenómeno de la Farc-política y cualquier cosa que se intente es presentada como persecución ideológica. 6. Los más grandes capos del paramilitarismo y las mafias (14) fueron extraditados a USA lo que ha significado la pérdida del poder que tenían y el surgimiento de bandas que pretenden ocupar  su lugar. 7. Han cesado los asesinatos y masacres de tinte y contenido político, los grupos de oposición e izquierda, incluido el liberalismo, han vivido los años más seguros en los últimos treinta años. 8. La izquierda obtuvo las más altas votaciones en toda la historia gracias, entre otras cosas, a las garantías brindadas por un gobierno al que no dejaron de calificar como autoritario, fascista y militarista. 9. Se crearon instituciones como la CNRR que ha iniciado el proceso de reparación. 10. Las fuerzas que hacen parte de la “Unidad Nacional”, el uribismo y el conservatismo entre ellas, se aprestan a consensuar el más ambicioso proyecto de reparación de todas las víctimas de la violencia y no sólo de las del estado, lo que indica que siempre hay lugar a la corrección y al perfeccionamiento de los instrumentos de la paz. 11. Las víctimas han cobrado vida, voz y presencia. 12. Los homicidios se han reducido en un 50%. ¿Cuántas de estas cosas se alcanzaron durante los gobiernos de Gaviria, Samper y Pastrana?

¿Por qué los jefes liberales proceden de esta forma contra la obra del presidente Uribe? será que ¿quieren romper la Unidad Nacional para quedar como los primeros luego de haber sido los últimos? El presidente Santos debe tomar cartas en el asunto y dejar en claro qué significa para él el apoyo de más de siete y medio millones de votos uribistas frente a la lánguida votación roja.

Darío Acevedo Carmona
Blog Ventana Abierta, Medellín
http://ventanaabierta.blogspirit.com/
Marzo 7 de 2011
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